Giro radical
Europa da marcha atrás en el motor de combustión
La Comisión Europea acaba de hacer oficial un giro radical: el objetivo de «cero emisiones» en 2035 para los coches nuevos queda vaciado de contenido. Bajo presión alemana, Bruselas propone rebajar la exigencia del 100% al 90% de reducción de emisiones. ¿El 10% restante? Un sistema de créditos basado en el acero verde y los combustibles sintéticos.
En la práctica, un fabricante podría seguir vendiendo motores de combustión siempre que compense mediante acero bajo en carbono. Una victoria política para Berlín y sus híbridos enchufables. Una señal confusa para el clima y los consumidores.
Triple confesión
Una maraña que esconde tres fracasos
Este compromiso técnico suena a triple confesión. Fracaso industrial, ante todo: se frena una transición ya validada por el mercado, con un +26% en ventas de vehículos eléctricos entre enero y octubre de 2025 en Europa. Fracaso medioambiental, a continuación: se aplaza la descarbonización del transporte, clave en la lucha contra el calentamiento global. Fracaso sanitario, por último: los ciudadanos seguirán respirando un aire contaminado durante más tiempo.
La ONG Transport & Environment da la voz de alarma: esta propuesta podría provocar una caída del 25% en las ventas de vehículos eléctricos en 2035. Al mantener artificialmente la combustión mediante mecanismos contables, la UE apuesta por la complejidad en lugar de por la innovación.
Autopista para Pekín
China da las gracias
Mientras Europa titubea, Pekín avanza a marchas forzadas. Los fabricantes chinos ya han duplicado sus ventas europeas de híbridos enchufables en un año, sorteando las barreras arancelarias sobre el eléctrico. BYD, Nio, Geely ofrecen modelos atractivos a precios imbatibles, fruto de inversiones masivas y de una producción en serie muy rodada.
¿El verdadero problema? Los fabricantes europeos han apostado por los SUV premium en detrimento de los pequeños eléctricos asequibles. El resultado: coches fuera del alcance de muchos, un mercado atrofiado y fábricas que cierran. Retrasar el salto al eléctrico no cambiará nada de esta realidad. Es más: da tiempo a los chinos para ampliar aún más su ventaja tecnológica.
Soberanía perdida
La independencia energética, sacrificada
Al aferrarse a la combustión, aunque sea «limpia» sobre el papel, Europa mantiene una dependencia estratégica de los hidrocarburos. Sin embargo, circular en eléctrico es repostar con electrones «made in Europe»: nuclear francesa, eólica alemana, solar español. Una soberanía energética tangible.
La red eléctrica francesa puede absorber el aumento progresivo de los vehículos eléctricos, confirma RTE. Sin necesidad de importar tantas materias primas como exige el petróleo. En tiempos de crisis o de guerra, el petróleo es una debilidad enorme. La electricidad local es un seguro de vida que Bruselas parece dispuesta a sacrificar.
Callejón sin salida industrial
Una renuncia que no salvará a nadie
Esta revisión solo conseguirá que los fabricantes ralenticen sus inversiones en el eléctrico, justo cuando habría que duplicarlas. ¿La única forma de rentabilizar las fábricas ya construidas? Hacer funcionar las líneas a pleno rendimiento para beneficiarse de economías de escala y recuperar competitividad.
Es con más vehículos eléctricos como la industria europea saldrá de su estancamiento. No parcheando una salida tecnocrática para salvar unas cadenas de tracción que la historia ya ha condenado.

Experto en automoción




